Y a Aquel que es poderoso para hacer todas las cosas mucho más abundantemente de lo que pedimos o entendemos, según el poder que actúa en nosotros, a él sea gloria en la iglesia en Cristo Jesús por todas las edades, por los siglos de los siglos. Amen Filipenses 3:20-21

COMUNIÓN CON DIOS

            Existe un paralelo excelente entre la vida física y la vida espiritual. En la vida física gozamos de salud y bienestar cuando guardamos nuestros cuerpos limpios y libres de enfermedad e impurezas.
También en la vida cristiana, si hemos de crecer en gracia, obtener victoria y dar buenos frutos, debemos conservar nuestra vida limpia de todo pecado. El pecado es una enfermedad del alma que estorba nuestra comunión con Dios. Siendo ya seguidores de Cristo, cuando pecamos no perdemos nuestra posición como hijos, pero sí perdemos la comunión con Dios. No perdemos la salvación, pero sí perdemos el gozo de la salvación (38). No perdemos la unión con Cristo, pero si nuestra comunión y amistad con El.
            Cuando en nuestra casa usamos más energía eléctrica de la que los cables soportan, se apagan los focos. Entonces tenemos que reemplazar los fusibles para que la luz vuelva a prenderse. Igualmente, la Santa Biblia enseña que el cristiano restablece su comunión con Dios cuando arrepentido le confiesa a Dios su pecado. “Si confesamos nuestros pecados, El es fiel y justo para perdonar nuestros pecados, y limpiarnos de toda maldad” (39). El apóstol Juan, refiriéndose a la familia de Dios, escribió: “Hijitos míos, estas cosas os escribo para que no pequéis; y si  alguno hubiere pecado…” ¿Qué sucede? ¿Qué ocurre cuando peca el cristiano ya convertido? Muchos creen que todo está perdido y que tiene que ser regenerado nuevamente. Piensan que ya está condenado al infierno, aun por un pecado pequeño, y tiene que ser regenerado cada vez que peca. Pero la Santa Biblia enseña categóricamente que sería imposible renovar y restablecer espiritualmente a un alma caída y totalmente muerta (40). ¿Qué enseña el resto del pasaje? “Si alguno hubiere pecado, abogado tenemos para con el Padre, a Jesucristo el justo” (41). Jesús no murió para condenarnos, sino que vive para interceder siempre por nosotros.
              Cuando pecamos le causamos tristeza al Espíritu Santo y perdemos su poder, pero no lo perdemos El, porque hemos sido sellados con El hasta el día de la redención (37). Pero muchos cristianos que en verdad han sido regenerados espiritualmente no están en comunicación con Dios. Por tanto, su vida en fría y estéril. No han experimentado el gozo del Señor, ni sentido la paz que sobrepasa todo entendimiento. Entre los renacidos, ellos son los más miserables, porque habiendo sido salvos, no pueden encontrar alegría en el mundo y, por no estar en comunión con Dios, no pueden gozar de las cosas del Señor.
                La comunión con Dios es el primer requisito esencial para una vida cristiana gozosa. Sin ella no puede haber crecimiento en la gracia, ni buenos frutos en la vida. Ni tendremos genuina comunión con los demás creyentes. Esto explica por qué muchos cristianos asisten con poca frecuencia a los cultos y cuando lo hacen, se sienten extraños y aislados de sus hermanos.

Citas bíblicas:
37     Efesios 4:30
38     Salmo 51:13
39     1 Juan 1:9
40     Hebreos 6:6
41     1 Juan 2:1


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