Y a Aquel que es poderoso para hacer todas las cosas mucho más abundantemente de lo que pedimos o entendemos, según el poder que actúa en nosotros, a él sea gloria en la iglesia en Cristo Jesús por todas las edades, por los siglos de los siglos. Amen Filipenses 3:20-21

Capítulo 9

Tercer Período
La iglesia imperial (313-476 d.C.
Primera parte
La victoria del cristianismo.

La victoria del cristianismo fue un hecho notable en este período. Después de ser perseguida, prohibida, coaccionada y de contar por millares sus mártires, la iglesia se convirtió en la iglesia del Imperio Romano.

A la abdicación del emperador Diocleciano en 305 d.C., se disputaban el imperio, cuatro aspirantes, dos de los más poderosos eran Maxencio y Constantino, se enfrentaron en el Puente Milvian, sobre el Tíber, a dieciséis kilómetros de Roma. Mexencio era el pagano perseguidor. Constantino, amistoso con los cristianos, no era creyente. Decía que había tenido una visión, que en el cielo había una cruz luminosa con el lema “Hoc Signo Vinces” : “Por esta señal vencerás”, lema que puso como insignia de su ejército. Constantino salió victorioso y Maxencio se ahogó en el río. En 313 d.C., Constantino promulgo su Edicto de Tolerancia poniendo fin a las persecuciones. En 323 d.C., Constantino se convirtió en supremo emperador y oficializo al cristianismo. Constantino no era de carácter perfecto, por lo general era justo, y en ocasiones cruel y tirano. Su bautismo fue antes de su muerte –se dice que en realidad se dio el bautismo ya fallecido-, fue un político visionario, por lo que se unió con un movimiento que tenía el futuro de su imperio.
La bonanza empezó para la iglesia, cesaron las persecuciones, muertes y en todas partes se restauraban y reabrían los edificios del culto. Incluso donde se habían derribado templos las ciudades pagaron por ellos. La construcción de los nuevos templos era bajo el diseño nombrado basílica romana o salón de la corte –rectángulo dividido en pasillo por hileras de pilares, con una plataforma semicircular con asientos para los clérigos en un extremo-. Constantino dio ejemplo al construir grandes templos en Jerusalén, Belén y Constantinopla –su nueva capital-. Dos generaciones después empezaron con la adoración de imágenes.
En el Imperio Romano se sostenían los templos de los dioses paganos con el tesoro público, donaciones que ahora eran para la iglesia, primero en forma gradual y después general y liberal. De estas donaciones se sostenían obispos, ministros y demás funcionarios. Comenzando con esto el dudoso beneficio para la iglesia.
Se otorgaron privilegios como el no pago de contribuciones –muchos beneficios no por orden imperial, sino por costumbre-. Todas las acusaciones en contra de la iglesia se juzgaban en cortes eclesiásticas. Todo lo anterior, causó un mal para el estado y para la iglesia.
Constantino decretó la prohibición de usar la cruz como instrumento de muerte y la adoptó en su insignia.
La influencia del cristianismo impartió un carácter sagrado a la vida humana, desapareció el asesinato de infantes y su venta como esclavos al no ser hijos deseados.
También el trato para los esclavos fue más humano, ya que por ley no tenían ningún tipo de protección -si su amo así lo decidía podía matarlos-, se les otorgaron derechos legales, incluso podían quejarse de maltrato. Con el tiempo la esclavitud de abolió.
En Constantinopla nunca se permitieron los juegos de gladiadores –el Hipódromo nunca tuvo estos juegos-, pero en el anfiteatro romano estos eventos continuaron hasta que el monje Telémaco irrumpió en la arena y trato de separar a los contendientes. Fue asesinado y a partir de ese momento fueron prohibidos.
La maldición para la iglesia comenzó cuando fue nombrada la religión del estado. Se mezcló la cizaña con el trigo, todos querían pertenecer a la iglesia, bueno y malos, verdaderos creyentes y los hipócritas, ambiciosos y sin escrúpulos que buscaban ganancias personales. El aspecto moral del cristianismo decayó habiendo una enorme diferencia con las bases morales de la iglesia primitiva.
Ya no se llevaba a cabo una verdadera adoración al Señor, no había espiritualidad. Se volvió al paganismo cuando las fiestas paganas se convirtieron en fiestas de la iglesia. En 405 d.C., aparecieron las imágenes de santos y mártires. La adoración a la virgen María sustituyó a la adoración de Venus y Diana. La Cena del Señor se convirtió en un sacrificio en lugar de un recordatorio. El “anciano” fue de predicador a sacerdote.
Todo esto trajo como consecuencia que el cristianismo no cumplió con la encomienda de Jesús de transformar al mundo sino que permitieron que el mundo dominara la iglesia. La humildad y la santidad fueron sustituidas por la ambición, el orgullo y arrogancia.
De la unión de la iglesia con el estado surgieron dos males: la iglesia oriental y la iglesia occidental. La iglesia oriental fue dominada por el estado y perdió energía y vida. La iglesia occidental hizo lo contrario, domino poco a poco al estado. En ninguna de las dos iglesias había cristianismo, sino jerarcas corruptos que convirtieron a la iglesia en una maquinaria política.

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