Y a Aquel que es poderoso para hacer todas las cosas mucho más abundantemente de lo que pedimos o entendemos, según el poder que actúa en nosotros, a él sea gloria en la iglesia en Cristo Jesús por todas las edades, por los siglos de los siglos. Amen Filipenses 3:20-21

UNGES MI CABEZA CON ACEITE…

¡TODOS LOS DIAS DE MI VIDA!”
            El ungimiento del cuerpo con aceite era una costumbre muy común en tiempos de David.  El derramamiento de aceite sobre la cabeza y el cuerpo proporcionaba una muy confortable sensación en ese clima cálido y seco.
  Los atletas derramaban aceite sobre su cabeza y cuerpo antes de participar en una carrera, porque los relajaba y refrescaba.  Al referirse David a la unción, habla de la persona que ha sido renovada en espíritu, en el hombre interior, que está en condiciones de serle útil al Pastor que vive en él.  “Pero la unción que vosotros recibisteis de él permanece en vosotros… así como la unción misma os enseña todas las cosas, y es verdadera, y no es mentira, según ella os ha enseñado, permaneced en él” (1 Jn. 2:27).  La unción de nuestra vida, efectuada por el Señor Jesús, está  íntimamente relacionada con el principio de permanecer EN Cristo.
            En el Evangelio según San Juan, el Señor Jesús habla de su relación con su Padre: “Las palabras que yo os hablo, no las hablo por mi propia cuenta, sino que el Padre que  mora en mí, él hace las obras”  (Jn, 14:10b).  Nótese que dice: “El Padre que  mora  EN MI, él hace las obras”.  Esta relación no puede ser explicada en términos humanos, pero sabemos que el Señor Jesús fue sumiso al Padre que moraba en El, y el Padre demostró su propósito divino a través de la vida del Hijo.  Jesucristo, el Hijo del Hombre, fue el instrumento por medio del cual el propósito de Dios el Padre fue realizado
            Lo asombroso del caso es que nosotros, como ovejas de su prado, tenemos una relación idéntica con el Señor Jesús.  Vivimos en permanecemos EN EL, y El vive y permanece EN nosotros.  ¿Con qué fin?  Para que sus eternos propósitos sean manifestados ¡por medio de un conductor humano!  Hemos sido ungidos para eso, no que nosotros con nuestra propia potencia produzcamos las obras, sino que Aquel que vive en nosotros, rigiendo nuestra vida como el Rey y Señor, realiza a través de nosotros, y por medio del Espíritu Santo, el Agente por el que opera el Hijo, el eterno propósito de Dios.
            Se dijo anteriormente que la actividad en la iglesia no puede sustituir la relación personal  con el Señor Jesús.  Pero cuando descubramos que somos los conductores humanos por medio de los cuales El demostrará su eterno propósito, El inmediatamente nos dirigirá a la función que debemos desempeñar en la iglesia local.  Debido a mi comprensión de mi relación con El, permito que su vida  fluya en mí en las actividades de mi iglesia local.
            ¡Medítelo por un momento!  La vida de usted y la vida mía son instrumentos para realizar el divino propósito, motivadas por una Persona divina, ¡el Señor Jesucristo!  ¿Es justo que no le demos el lugar que le corresponde para que su eterno propósito sea realizado por  nuestro medio?  Sin embargo, mientras tratemos de hacer lo mejor que podamos, bajo cualquier circunstancia, no empezará su maravillosa obra a través de nosotros.

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